miércoles, 9 de mayo de 2018

A LA DULCE MEMORIA DE MI MADRE ...

Soñadores, regreso a mi blog, pero le ofrezco a mis pequeños lectores una disculpa porque esta entrada no es un cuento, son unas palabras dedicadas a la memoria de mi madre, los cuentos nuevos, ya vienen, lo prometo.

El día de las madres desde hace muchos años es un poco triste para mi, porque mi mamá ya no está conmigo, pero hoy quiero hablar de algo que ella me regaló. Mi madre fue mi primer maestra, fue ella quien me enseñó a leer y escribir, y lo hizo con las poesías de Federico García Lorca, Rubén Darío y Pablo Neruda entre otros titanes de la poesía, 



este libro, que ya está desgastado y con las hojas amarillas fue y ha sido mi amigo desde mi niñez, en la voz de mi madre estos poemas se convirtieron en una ventana abierta hacia el mundo mágico de la poesía y la literatura ... 


no puedo pensar en un regalo mas bello que pudiera haberme hecho mi mamá, me regaló el mundo entero y el sueño de ser escritora, a ella le debo cada cuento, cada poema, cada pequeño triunfo que he tenido en las letras, cada hora de esfuerzo detrás de la pantalla de la computadora y cada noche de insomnio sosteniendo pluma y papel.
Es a través de mis cuentos y poemas que mi amor por ella se atreve a cruzar esta distancia imposible entre nosotras, es en ese mundo hecho de sueños de tinta en el que podemos encontrarnos y sonreír como me enseñó, y hoy, en el día de las madres, quiero decirle que la extraño siempre, que la llevo en sus viejos libros que son mis amigos, que la llevo tatuada en la tinta de mis venas, que mis letras son las caricias que le mando, que cada frase es mi forma de decirle cuanto la amo, cada personaje un pequeño homenaje a ella, todo lo bueno que hay en mi, poco o mucho es ella, y solo puedo darte las gracias por tanto amor, te quiero.
este cuento, para ti.

COLIBRÍ

Autora: Elizabeth Segoviano

A la sombra de una bugambilia se encontraba jugueteando un tornasolado colibrí, cuando una enorme nube se acercó y le dijo :colibrí,colibrí ¿qué haces tan solito ahí? Ven conmigo y te convertiré en nube y verás que bonito es el mundo recorrer.
-Pero mi madre me espera en casa y yo quiero a lado suyo el mundo ver, dime nube viajera ¿acaso me puedes prometer que siendo yo una nube mi madre será montaña y en su nevada punta descansaré?
-No, no puedo tal cosa prometer.
-Entonces gracias y buena suerte en tu camino.
El viento que todo lo escuchó se acercó y dijo: colibrí, colibrí ¿qué haces tan solito ahí? Yo puedo hacerte brisa y jugaremos noche y día, no tendremos reglas ni castigos ¡libres seremos!
-Pero si me voy contigo ¿puedes prometer que cada noche vendré a casa a dormir entre las cálidas alas de mamá?
-No, éso no te lo puedo prometer.
-Entonces gracias y buena suerte en tu camino.
Volando volando llegó el colibrí a la orilla de una playa y vio una juguetona ola aparecer y desaparecer, pero al fin se acercó y dijo: “colibrí, colibrí ¿qué haces tan solito ahí?
¿No quieres conmigo ser una ola y juntos surcar los océanos,pelear con piratas, buscar tesoros, bailar con delfines y cantar con sirenas?
-Si me voy contigo ¿puedes prometer que al final del día cuando me sienta cansado o asustado mi madre será una hermosa playa y me cobijará en sus arenas?
-No, no lo puedo prometer.
-Entonces gracias y buena suerte en tu camino.
Volando volando regresó a casa el colibrí y su madre le dijo: “colibrí, colibrí ¿por qué llegas tan tarde a mí?
-Hoy una nube, el viento y una ola me invitaron a partir, me hablaron de viajes, juegos y aventuras; pero con ellos no quise ir porque tendría que partir sin tí.
-Colibrí, colibrí, mi pequeño colibrí, sé que un día habrás de partir, pero puedo prometer que a tu lado siempre estaré.
Seré el viento bajo el cual vueles, seré el frondoso árbol en el cual de la noche te resguardes, y cuando mucho me extrañes recuerda que seré el sol que te abrace desde el alba hasta el ocaso; y por la noche, si miedo sintieras, seré luz de luna que calme tus sueños.
Colibrí, colibrí, mi pequeño colibrí de ver el mundo nunca debes sentir temor, porque yo estaré en derredor; y si un día quisieras a mí volver y el camino no pudieras encontrar sólo deberás escuchar en tu interior, porque seré el ritmo de tu corazón, ahí por siempre juntos vamos a estar, y ése será nuestro eterno hogar.


lunes, 2 de abril de 2018

LA ATRAPA SUEÑOS Y EL HACEDOR DE ESTRELLAS

En el día internacional del libro infantil, les comparto una vez más esta, que ha sido la historia que más les ha gustado, les recuerdo queridos lectores que también la tengo en PDF para regalar a quien guste si mandan un correo electrónico a sognareprofundere@gmail.com  y lo piden, mi regalo no caduca así que pueden pedirlo cuando deseen, feliz día del libro!!!!!!! y nos estaremos viendo pronto!! xoxo Eliz, autora.

Autor : Elizabeth Segoviano TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS SEP-INDAUTOR regsitro público 03-2011-101711562800-14
HOY ESTE CUENTO ES PARA ANA CARMENA LÓPEZ porque eres luz de estrellas :)
“En algún lugar más allá de las estrellas, en algún lugar entre los mundos, existe un espacio en el que nacen los sueños”.

Más allá del último horizonte, donde la luz se convierte en una interminable cascada que lo baña todo, existe un lugar llamado Mizar, que es el hogar de un hermoso ángel llamado Illumine, y ella pasa sus días y sus noches cuidando y manteniendo a salvo los sueños de todos los seres vivientes.
Todo en Mizar está hecho de sueños, todo lo que has imaginado, cada color, o escenario, cada sonido y palabra se encuentra en este lugar.
Todas las musas que los hombres conocen habitan ahí, y juegan con los sueños de los niños, y también sueñan con los sueños que los hombres convertirán en realidad.
En Mizar todos conocen y aman a Illumine, ángel de los sueños, pero la llaman “la atrapa sueños” porque cuando alguien tiene una pesadilla, una de esas llena de miedo o tristeza, Illumine los atrapa en el aire y los lleva a un antiquísimo mar llamado Akilá, en cuyas aguas púrpuras, cristalinas y puras aquellos sueños se limpian y se convierten en la arena plateada que cubre la costa; pero ésta no es la única tarea que lleva a cabo la atrapa sueños; ella también vuela cada noche a través de los mundos para inspirar pensamientos placenteros y calmar nuestros corazones y mentes, así que cada noche en nuestros sueños todos viajamos a Mizar y hacemos que ese lugar sea más grande, alto y brillante ...

“En algún lugar más allá de las estrellas, en algún lugar entre los mundos, existe un universo en el que nunca has estado, pero es el lugar en el que tu corazón fue creado”.


Sobre la montaña más alta de Mizar se levanta un magnífico castillo, en cuya torre habita otro poderoso ángel llamado Vermalion, éste ángel también es un mago, un alquimista y todo un creador. Todo lo que Vermalion toca se convierte en una gran obra de arte.
Entre interminables filas de libros y cientos de frascos que contienen todo tipo de coloridas pociones, esencias, rocas y cosas que sólo podrías ver en tus más excéntricas fantasías, encontrarás al gran Vermalion trabajando en un nuevo proyecto; pero lo que más ama éste ángel es hacer estrellas ... es un trabajo muy laborioso, pero cuando está terminado, los resultados son sorprendentes ... Aries, las Hiadas, Aldebarán, Tauro ... ¿alguno de estos nombres te suena familiar? Todas éstas constelaciones y más, muchas más fueron hechas por el gran Vermalion, mejor conocido como “el hacedor de estrellas” es él quien ha iluminado el cielo nocturno ... bueno, no sólo el nuestro, sino todos los cielos en donde quiera que haya uno.

“En algún lugar más allá de las estrellas, en algún lugar entre los mundos hay un ángel que jamás permitiría que te perdieras”.


La vida transcurría pacífica y feliz en Mizar, con todo mundo haciendo su mejor esfuerzo para inspirar a la mente humana con cosas hermosas y todo aquello que es bueno, creativo y puro; pero un día un trueno ensordecedor sacudió el suelo de Mizar, nunca antes algo como eso había sucedido, y las musas, las hadas, los gnomos, elfos, ángeles y todas las criaturas que creemos imaginarias se reunieron en el castillo de Vermalion para descubrir que era lo que habían escuchado.
Y justo frente a sus ojos, parado en una esquina del lugar hallaron la respuesta a todo aquel estruendo: un pequeño de alborotada melena oscura y grandes ojos marrón los observaba con gran curiosdad.
Con el asombro aún latiendo entre sus manos Illumine dijo:
-          ¡Bienvenido a Mizar!
-          ¿Dónde estoy?
-          Este es el lugar donde nacen los sueños –dijo la atrapa sueños–
-          ¿Estoy durmiendo?
-          Así es ... y al mismo tiempo no
-          No comprendo
-          Estás soñando mi pequeño –dijo el hacedor de estrellas– eres el primero en soñar el camino hasta aquí ... tienes un espíritu muy fuerte ... y una mente ávida
-          ¿Eres un ángel?
-          Si, lo soy, mi nombre es Vermalion ... y el tuyo es Orión ¿no es así?
-          ¡¿Cómo lo sabes!?
-          Puedo verlo escrito en tus ojos, y has venido hasta aquí buscando respuestas ... ¿estoy en lo correcto pequeño Orión?
-          ... sí ...
Vermalion, Illumine y Orión comenzaron a caminar a lo largo de la costa, contemplando las doce bellísimas lunas llenas en el cielo de Mizar, mientras sentían las cálidas olas púrpuras bañando sus pies.
-          ¿Qué te ha traído hasta aquí mi pequeño? –preguntó Illumine–
-          soy demasiado curioso ... al menos eso dice mi mamá ... verán, hace un año traté de contar todas las estrellas ... porque creí que sería sencillo, pero luego noté que cada día hay más y más de ellas, así que leí muchos libros y supe que hay cientos de millones ... ¡y eso es sólo en nuestra galaxia! ¡Y Dios sabe cuántas galaxias hay por ahí! Pero luego me di cuenta que no sabía de dónde vienen las estrellas ... así que busqué y busqué, y leí e investigué, y pregunté ... y todos dijeron que las estrellas son rocas hechas de minerales y hielo y otras cosas ... pero ... eso no tiene mucho sentido para mí ... ¿de verdad las estrellas sólo son un montón de rocas encendidas flotando en el espacio?
-          Puedo ver que eres muy curioso pequeño Orión –dijo Vermalion– y es una actitud que te llevará a lugares que nunca imaginaste, tu creatividad e imaginación te han traído hasta aquí, y te prometo que obtendrás la respuesta que buscas, pero primero, déjame mostrarte un secreto.
Entonces los dos ángeles comenzaron a mostrarle al niño el mundo de Mizar, y le revelaron las grandes refulgentes montañas rojas de Igne que estaban hechas con los pensamientos de amor de todos aquellos que han partido de nuestro mundo, porque el amor nunca muere, jamás se desvanece, es infinito; el amor continúa creciendo ... justo como esas montañas que se hacen más altas cada vez que alguien piensa en aquellos a quienes ama.
Entonces los nuevos amigos caminaron hasta el valle de Telesmi, donde habitan todas las criaturas que la mente humana ha imaginado; todas las hadas, unicornios, sirenas y los amigos imaginarios que hemos tenido viven toda clase de aventuras, porque es nuestro valor y nuestra fuerza lo que les ha dado el aliento de la vida.

“En algún lugar más allá de las estrellas, en algún lugar entre los mundos existe la prueba de que el amor y la vida continúan haciéndose fuertes”.


Después de observar bien la belleza de Mizar, Orión notó algo peculiar, parecía que mientras más caminaban más paisajes y caminos aparecían.
-          ¡Éste lugar es infinito! ¡como las estrellas!
-          Infinito ... así es –dijo la atrapa sueños– y toda esta belleza ha sido obra tuya mi pequeño.
-          ¡Cómo! ... ¿es posible?
-          Querías saber de dónde vienen las estrellas –dijo Vermalion– ¡Y ésta es la respuesta! Cada vez que los humanos sueñan o piensan en algo hermoso, Illumine, lleva ésos sueños brillantes, coloridos, placenteros y alegres conmigo y yo les doy forma y les doy un lugar en el espacio para que cada humano pueda verlos y cuando un sueño se hace realidad se convierte en una estrella fugaz ... y si alguien la ve y pide un deseo, otra estrella nace.
-          ¡Vaya! ¡significa que las estrellas están hechas de sueños!
-          Eso es correcto mi pequeño –dijo Vermalion– y arden porque están hechas con toda la pasión de la vida, y todo el amor de aquellos que soñaron algo bueno; y nuestro amado hogar, Mizar, crece gracias a espíritus como el tuyo, llenos de vida, creatividad y fe, así que por ello las estrellas son infinitas.
-          ¿Pero es cierto lo que mucha gente dice de los sueños?
-          ¿Qué dicen mi pequeño?
-          Que los sueños son tontos e inútiles
-          Tu corazón ya sabe la respuesta ...
“En algún lugar más allá de las estrellas, en algún lugar entre los mundos, existe alguien iluminando el cielo para que puedas sonreír”.

De repente el pequeño Orión despertó, y supo que no había imaginado su viaje, ahora tenía la certeza de saber que no hay tal cosa como un sueño tonto o imposible, y que no había razón alguna para sentirse solo o perdido, porque basta mirar al cielo para ver nuestras estrellas brillando, sonriéndonos, mostrándonos el camino correcto para hacer nuestros sueños realidad.
Orión sabía que en algún lugar más allá de las estrellas, en algún lugar entre los mundos hay un lugar en el que habitan la atrapa sueños y el hacedor de estrellas, cuidando a todos aquellos espíritus que no tienen miedo de llamarse soñadores.





jueves, 15 de diciembre de 2016

¡DEJA QUE NIEVE!

En un antiguo bosque mágico del que hoy sólo el viento sabe susurrar su nombre, se alza espléndido un palacio que ante los ojos humanos no es más que una montaña, pero sus torres, almenas, deslumbrantes salones y jardines son el hogar de la reina Qüilyra Lallare, soberana de aquel milenario bosque. La reina Lallare alguna vez había sido designada por todos los arcángeles como la protectora de todos los seres mágicos y de todas las criaturas inocentes, no importaba que tan grandes o tan diminutas fueran. Por ello su reino era bien conocido como un santuario entre elfos, duendecillos, unicornios, sirenas, luciérnagas, faunos, libélulas, aves, y por supuesto, hadas.

Qüilyra Lallare, era una reina trabajadora, amable y justa. Igual se le podía ver sentada en el trono, reunida con los espíritus elementales de la tierra, que codo a codo con los duendecillos sembrando y cosechando las parcelas que les darían sustento durante el invierno, o cantando arrullos para los botones de flores ... aunque también se le podía ver haciendo guardia junto a las brujas buenas en las torres para salvaguardar los límites del santuario y el bienestar de todos los seres que en él habían encontrado un hogar.


Entre los habitantes del bosque se encontraba una pequeña hada de nombre Änathiz, quien no sabía muy bien cuales eran sus dones, pues aún no llegaba a la edad adulta, por lo que sus poderes a veces eran muy débiles o demasiado fuertes e incontrolables, pero siempre cambiantes; un día podía hacer crecer los árboles y otro hacía llover a cántaros, o su voz hechizaba a la luna y los animales o simplemente no ocurría nada.
Sin embargo eso no desanimaba al hadita Änathiz, y se ofrecía a yudar a todos en lo que pudiera, en especial a la reina Qüilyra, por quien sentía una gran admiración.

Aquel invierno parecía haber llegado a la mitad del otoño, y todo mundo tuvo que redoblar esfuerzos para recoger la cosecha, pero era tan agradable estar todos resguardados en el inmenso palacio, al calor de las cien chimeneas, escogiendo los granos, moliendo el trigo  y la cebada, haciendo mermeladas, horneando pan, haciendo sopa de hongos, envasando miel, haciendo velas, mezclando inciensos y secando hojas de té, que todos se sentían bendecidos por tener un hogar acogedor y amigos a quienes podían llamar familia, que no importaban las largas horas de trabajo, y menos aún cuando la reina Qüilyra amenizaba el día contando historias y entonando bellas canciones en las que todos los demás hacían el coro.


Fue un día de diciembre, en el que el frío y los fuertes vientos azotaban con fuerza puertas y ventanas que se alcanzó a escuchar una nota musical proveniente de un arpa, era una sola nota, pero tan hermosa y llena de sentimiento que todos en el castillo guardaron silencio, todos excepto la reina Qüilyra, quien ordenó que abrieran el castillo de inmediato, así que dos faunos que hacían guardia liberaron los seguros del portal y entró un ángel envuelto en una capa blanca de alguna tela que brillaba como las estrellas, y le entregó a la reina un pergamino.


Änathiz de inmediato corrió a la cocina y le llevó al ángel un tazón de leche caliente con especias endulzado con miel, al tiempo que le hacía una reverencia, él ángel, conmovido por el dulce gesto del hada le sonrió y gustoso comenzó a beber mientras acariciaba dulcemente la frente de la pequeña Änathiz, en ese instante el hadita sintió como si la luz de todas las estrellas recorriera sus venas y sus pequeñas alas crecieron hasta igualar las de las águilas. -¡gracias! – decía el hada revoloteando por todo el castillo.


 -Qeridos míos – comenzó a decir la reina Qüilyra, hemos recibido magníficas noticias de tierras muy lejanas, los ángeles me han escrito para decirme que hoy ha nacido el niño Dios, nuestro redentor, nuestro Rey de reyes, hoy será un día de fiesta y agradecimiento por esta buena nueva, pero también quiero que todos hagan un regalo, uno que venga de lo más puro de sus almas y corazones, para que nuestro querido ángel se lo haga llegar a nuestro niño Rey.

Al escuchar aquella noticia, todas las criaturas del castillo sonrieron y se abrazaron, y corrieron a confeccionar sus regalos.
Las sirenas y duendecillos poseían piedras preciosas que pulieron y guardaron en delicados cofres finamente tallados por los faunos, las aves, luciérnagas y libélulas hicieron atrapa sueños mágicos que colgarían sobre la cuna del bebé, las brujitas buenas le dieron al ángel finas botellas con arco iris y los unicornios le susurraron al oído del ángel unas canciones tan bellas y antiguas que solo la luna sabía, el ángel prometió ir a cantárselas al bebé cada noche.
La reina le ofreció al bebé su bosque entero, su magia, su sabiduría y su espada, así todos reunieron hermosos obsequios ... todos menos Änathiz quien  se encontraba angustiada pues no tenía nada que ofrecer al niño Dios.
-          Su majestad –explicaba Änathiz– yo solo puedo ofrecer mi vida a nuestro Rey, pues no poseo nada más.
-          Tu servicio y tu don son más que suficiente pequeña Änathiz – dijo el ángel –
-          ¿Mi don mi señor? Me temo que no poseo uno, yo quisiera regalarle al niño Dios algo hermos y único ... pero no tengo nada.
-          Ven con nosotros pequeña –le pidieron la reina y el ángel– viajarás con nosotros a ver a nuestro Rey.

El ángel cubrió con su capa a la reina Qüilyra y a Änathiz y en un santiamén se encontraron en tierras lejanas, en humilde pesebre en el que una dulce mujer mecía en brazos a un bebé hermoso.
Änathiz no podía creer que en aquel lugar hubiera nacido el  niño dios, mas al verlo, sintió tanta ternura y amor por la criatura que no pudo resistir besarlo en la frente, luego se arrodilló y le ofreció al niño su servicio y su vida, pero el hadita estaba tan conmovida que se llevó las manos al rostro para cubrir sus lágrimas, y de repente éstas se convirtieron en un par de copos de nieve, eran hermosos y únicos e hicieron al bebé sonreír.

-          Este es  tu don Änathiz, tu puedes crear nieve, y los copos son diminutas obras de arte, con tu magia, desde ahora en adelante anunciarás al mundo que el invierno llega y con él, el dulce recordatorio de que nuestro Rey ha nacido.
-          ¡gracias! – exclamaba el hada– yo haré los más hermosos copos de nieve para que al verla repiquen las campanas del mundo anunciando que nuestro Rey ha nacido.
-          ¡deja que nieve Änathiz! –decía la reina– ¡deja que nieve y celebremos!


Desde aquel día cada diciembre los bellos copos hechos a mano por el hada del invierno nos avisan que ya viene, ya viene la fecha en la que recordamos el nacimiento del niño Dios. Y que para honrarlo tan solo debemos regalarle al mundo los dones que nos han sido concedidos.
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS ELIZABETH SEGOVIANO              copy right© 2016



 




sábado, 10 de diciembre de 2016

iSE HA ROTO LA ESTRELLA DE NAVIDAD!

En la víspera de Navidad
Un joven duendecillo salió a pasear.
Como era joven y travieso
Se puso a jugar y corretear.


Lanzaba grandes bolas de nieve al aire
Para verlas chocar y hacer “splash”
¡Pero una de las enormes bolas se fue a estrellar en el pino de Navidad!

Hubo un momento de silencio y luego se escuchó : un ¡”pim, pam, pum crash”!
Se había roto la bellísima estrella en la punta del árbol
¡Y justo en la víspera de Navidad!

En aquel momento salieron de sus casitas los demás duendecillos,
Los renos mágicos y el Señor y la Señora Claus que habían estado horneando panecillos.

¿Que ha pasado? –se preguntaban- ¿qué ha sucedido?
La Señora Claus se acercó al pino
y recogió con cuidado los trocitos de cristal fino.

¡Lo siento tanto! –decía el duendecillo– no era mi intención hacer daño
Soy travieso y no puse atención.
Ustedes saben que la estrella de cristal era mi admiración.

Regresa a casa pequeñín –decían los señores Claus– las ventiscas arrecian, parece que no tendrán fin.
Y hay que terminar de cargar el trineo, ve y busca las capas de los renos, no te olvides de la de saltarín.

El duendecillo obedeció, pero sabía que había causado tristeza y gran decepción.
Por ello corrió a su habitación a buscar algo de pintura y también cartón.
En el pesebre junto a los renos puso manos a la obra, y ayudado de un ratón
Dibujó una gran estrella que recortó y coloreó.


Luego él y su amigo ratón la subieron poco a poco al gran pino navideño.
La aseguraron a la punta con mucho esfuerzo y frunciendo el ceño.

Al ver todo su esfuerzo, las estrellas en el firmamento sintieron mucha ternura.
Así que ofrecieron su ayuda.
Dejaron caer sobre la estrella de cartón sus polvos estelares,
y también contribuyó la luna con sus rayitos de luz más tiernos y brillantes.


Cuando Santa Claus ya trepado en su trineo cargado se despedía
Notó que su pino otra estrella tenía.
Aquello le dibujó una enorme sonrisa.
¡Jo, jo, jo! –reía– ¡pequeño duendecito, que inteligente eres! ya lo sabía
que la estrella rota repondrías.
Feliz Navidad a todos! ¡Y feliz Navidad a las estrellas que desde el cielo nos observan y nos guían!
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS ELIZABETH SEGOVIANO ©COPYRIGHT 2016



viernes, 21 de octubre de 2016

LLUEVEN LAS PERSEIDAS



Esta noche llueven las Perseidas.
Algunos sacan cubetas y tinajas llenándolas de estrellas para cuando el otoño empiece a deshojar el universo.
Otros las recogen del suelo y las ponen a secar al Sol sobre grandes pañuelos y molerlas en el metate para salpicar con ellas la comida en los días de fiesta.
Esta noche llueven las Perseidas.
Los más valientes las atrapan con las manos y las ponen en cajitas de cristal para alumbrarse en las noches sin luna, esas noches tan, pero tan oscuras en las que huyen hasta las luciérnagas.
Otros más las dejan en bellas jaulas de hierro forjado, las atesoran como si fueran pájaros venidos del paraíso, pequeñas aves fénix que retozaban en campos de luz.
Esta noche llueven las Perseidas.
Llueven desde un cielo desconocido, y creo que estoy presenciando un milagro.
Me sumerjo en su fugaz destello, y atrapo una al vuelo, sólo una, y le prendo una pluma que me regaló un quetzal y un verso en el que dejé mi corazón.
Y uso mi estrella como brillante anzuelo para atrapar un sueño, uno de ésos enormes, que parecen ballenas de tan grandes que son.
Quiero llegar a otro cielo que no sea éste, ni el tuyo, ni el de otro.
Un cielo que sea mío, sólo mío y que desde él pueda desprender estrellas y hacerlas llover donde dicen que ningún sueño puede crecer.   


Elizabeth Segoviano© copyright 2016

jueves, 13 de octubre de 2016

IZÚ REGRESA A CASA




    Todo era diferente, la dulce voz del río, el fresco rocío que acariciaba su rostro, el olor de las frutas maduras a punto de caer de los árboles, la suavidad de las hojas de las altas palmeras, el viento veloz que peinaba sus alas, el cálido abrazo del sol, las voces de sus amigos las guacamayas y quetzales, de los jaguares y los monos, el constante mordisqueo de las orugas, los tiernos besos de las mariposas, el molesto zumbar de los mosquitos ... pero sobre todo las voces de sus hermanos y de su mamá ... todo era diferente, cada escenario y árbol habían sido drásticamente cambiados por altos edificios y el inmenso azul del cielo se había tornado gris, el mundo entero de Izú, un periquito tan verde como los platanitos verdes que le gustaba devorar, le había sido arrebatado así, sin más, una noche sin luna en que muchos pasos se escucharon en las profundidades de la jungla y unos brazos largos y fuertes le lanzaron una red áspera y dura que su piquito no pudo romper. Izú fue metido a empujones en una caja y lanzado a una destartalada camioneta.
Ya no había más ruidos de la jungla ni aire fresco, ahora todo olia a humo de autos, habia un calor seco y ya no podía escuchar la voz de su mamá.
Luego de largos días por fin alguien abrió la caja y lo metió a una jaula grande donde había más pajaritos, canarios, guacamayas, palomas, cotorritos australianos e incluso un enorme tucán.
-          ¿En dónde estoy? –decía temeroso Izú–
-          En una tienda de mascotas.
-          ¿Tienda ... mascotas? ¿cuándo me van a regresar a la jungla?
-          ¡Uy niño! –clamaba el tucán – ¡nunca!
-          ¿Nunca? ¡pero yo no pertenezco a este lugar! ¡esta no es mi casa!
-          No te asustes periquito ... ya te acostumbrarás ... ¿cómo te llamas?
-          Izú ¿y usted?
-          Balam ... yo también vivía en la jungla ... pero eso fue hace muchas lunas.
-          ¿Porqué nos han traído aquí Balam?
-          No le sé con exactitud amiguito, creo que porque a algunos humanos les gusta coleccionar aves para adornar sus casas.
-          Pero nosotros no somos adornos ... –Izú no acababa de decir lo que pensaba cuando de repente, el dueño de la tienda tomó a Balam, lo puso en otra jaula y se lo llevaron, y, en seguida regresó por nuestro pequeño amigo que fue nuevamente apretujado en una jaula aún más pequeña y se lo llevó una ancianita  de larguísimas trenzas que enrollaba sobre su cabeza.
Los ojitos de Izú no alcanzaban a vislumbrar nada verde, a lo largo de las enormes y ruidosas calles no había podido contar ni un sólo árbol, y el cielo estaba cubierto por enormes edificios de acero y cristal. Luego de un rato de caminar por aquí y por allá, de dar una vuelta y otra más, por callejones, andadores y avenidas, finalmente Izú y la viejecita llegaron a una casa modesta, pero linda, con un jardín repleto de macetas con girasoles y tulipanes, en cuyas paredes colgaban varias docenas de jaulas con todo tipo de pajaritos.
-          ¡Ya llegamos mis niños!-decía la viejecita- les traigo otro hermanito, éste es un periquito, traído de la jungla ... muy difícil de encontrar ... y muy caro también, pero valdrá la pena porque le enseñaré a hablar.
-          Hola-decían los demás pajaritos tratando de hacer sentir a Izú bienvenido, pero la jaulita de nuestro amigo no la dejaron en el jardín, no, la metieron dentro de la casa, detrás de una ventana muy estrecha cubierta con barrotes, ahí casi no le llegaba el sol ni el viento y entonces Izú comenzó a llorar desconsoladamente-.
Luego de unas horas la viejecita se alarmó porque el periquito no se calmaba, ella le ofreció semillas, algo de fruta fresca, pero nada lograba tranquilizarlo, Izú estaba asustado, agotado, no podía extender sus alas en aquel espacio tan reducido y sólo pensaba en su amada jungla y en que quería surcar aquellos cielos abiertos y claros una vez más al lado de su familia.
-          Ya no llores periquito-decía la viejecita-serás feliz conmigo, seremos amigos y me harás compañía ¿qué no vez que estoy solita? No tengo nadie con quien hablar y tú serás mi confidente, te pondré un nombre bonito, uno muy especial ... te llamaré ... ¡Kalizú! ...¿sabes que quiere decir Kalizú? Significa viento.
-          ¿Viento?-dijo tristemente Izú-
-          ¡Pero sabes hablar!-exclamaba sorprendida la anciana-
yo no quiero estar aquí señora, ni yo ni los demás pajaritos somos adornos o juguetes que se puedan coleccionar ... y yo me llamo Izú ... y Yo no quiero ser un viento domado que quede atrapado en el cielo gris de alguna enorme ciudad.
Ni quiero ser brisa tibia que arrulle el verde follaje de los campos al atardecer ¡no!
Yo quiero ser ráfaga valiente que congele las puntas de las montañas.
Quiero ser huracán en medio del desierto e ir al galope con leopardos y hienas y empujar a las manadas en la espesura de la jungla.
No quiero ser un viento domado encerrado tras una ventana ¡no!
Yo quiero bailar con las nubes hasta el amanecer y juntos crear tormentas y olas gigantescas que corran libres por la arena.
Quiero que cuando me vean todos digan “¡ahí viene la libertad!”
¡Qué lindo! ¡qué bonito debe ser poder recorrer el mundo a placer!
Yo no quiero ser un viento domado que olvide como volar, ni quiero quedarme quieto a ver pasar la eternidad ¡no!
Yo quiero ir a la par con las parvadas que huyen del invierno, quiero llevármelo a otro lado donde sea verano y volver loco al padre tiempo.
Yo no quiero ser un viento domado al que le corten las alas para mantener cautivo ¡no!... mi madre me llamó Izú, y quiere decir libertad ... y usted cree que porque pagó muchas monedas le pertenezco y puede apartarme de mi hogar y mi familia  y eso no es justo ... ¿si yo pudiera pagar muchas monedas podría ponerla en una jaula para adornar mi casa?
La viejecita se quedó muy pensativa, se sintió avergonzada y comenzó a llorar. Aquel animalito, aunque pequeño, tenía toda la razón, nadie puede adueñarse de la vida de nadie aunque sean hermosos y exóticos animalitos están todos nacidos para ser libres y vivir felices en su hábitat y ser protegidos por nosotros, para aprender de ellos y compartir la azul burbuja que llamamos hogar. Así que la anciana sacó la jaulita de Izú al jardín y le abrió la puerta y también a los demás, que de imediato salieron extendiendo por primera vez en mucho tiempo sus alas, buscando las nubes para abrirse el camino de regreso a casa, e Izú voló con todos ellos alto y más alto, rápido y más rápido, hasta que el cielo gris quedó atrás y se volvió azul y el verde cubrió el horizonte ... lejos y más lejos, entre gotas de lluvia y rayos de sol, entre luz de estrellas y la plateada luna llena hasta que escuchó la voz del río, y sintió de nuevo el dulce rocío empapar su rostro y la fragancia de los frutos maduros lo perfumó de pies a cabeza ... Izú había regresado ¡Izú estaba en casa!  




viernes, 3 de junio de 2016

ALEBRIJE

con cariño para Kiki
Se que no soy un ave … no realmente.
Sin embargo poseo alas, están hechas de cuentos y poemas, emplumadas con sueños que no son de este planeta.
Se que no soy una estrella … no realmente.
Pero cada partícula de mi ser proviene de las estrellas, todo en mí tiene el poder de crear luces y centellas donde no las hay.
Se que no soy un antiguo mago … no realmente.
Aunque la magia corre por mis venas, mis manos y mis palabras tienen todo el poder de esta tierra.
Se que no soy un dragón … no realmente.
Aún así mi corazón es imbatible, mi alma blindada como si tuviera míticas escamas para enfrentar cualquier destino.
Se que no soy un ave fénix … no realmente.
Pero poseo el poder de reinventarme cada día si eso necesito, como fénix renacer y emprender el vuelo por horizontes nuevos.
No soy ave ni estrella, no soy mago, ni dragón o fénix … realmente soy más.
Soy un ser mágico, casi mítico hecho de sueños, forjado al calor de las estrellas … ni ángel, ni súper héroe o caballero juramentado, simplemente un poquito de muchas cosas … un alebrije viviendo entre la tierra y las estrellas.

Autor: Elizabeth Segoviano copyright© 2016 TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS